I wanna be your dog
Y se pone a recordar a Iggy Pop:
Sí, he de reconocer que mi obsesión por la Jessica Alba llega a esos extremos (y más lejos).
(via)
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Y se pone a recordar a Iggy Pop:
Sí, he de reconocer que mi obsesión por la Jessica Alba llega a esos extremos (y más lejos).
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Si, Groutxo llegó a la playa….
Yo siempre he sido de Josie Maran:

Pero ahora me llega April Scott pidiendo guerra:

¿Qué me recomendáis para el verano? (por dios, qué vida más dura)
¿Cuántas pajas me haré hoy?
Cuando toca el momento de despelotarse… lo mejor es la rapidez para no perder tiempo. Tomad nota de este gran maestro:
Cariño, ¿podrías dejar el asiento del retrete subido? Que luego me da pena verte limpiándolo.

Pregunta: ¿por qué narices la “posición óptima” es cuando la tapa está bajada?
Todos tenemos amigos feos. Pero yo tengo un amigo que es el más feo del mundo. Más feo que un pez. Tan feo que su madre no le daba el pecho, le daba la espalda. Incluso más feo que yo, que ya es decir. Y esa carencia de belleza se ve acentuada por un mal peinado. Muy hortera. Y no porque mi amigo tenga mal gusto. La razón es porque siempre va a la misma peluquería, a la misma peluquera, que le hace el mismo desastre en la cabeza. Es que la pobre chica no debe andar muy bien de pulso. Pero claro, tiene unas tetas enormes. Y eso engancha. Es un cebo que mi amigo ha picado.
Él va tan feliz a cortarse el pelo. Se sienta en una silla acolchada, se recuesta levemente y se queda con la mirada fija en el espejo a la espera de ver a sus dos fieles compañeras llegar. Total, no me entretengo más. Lo que pasa a partir de ese momento es que la peluquera coge sus tijeras, cortecito por aquí, cortecito por allá, frote de tetas por aquí, frote de tetas por allá. Y en dos minutos termina con él y le cobra.
Y así sale mi amigo de la peluquería. Caliente, muy caliente. Más feo todavía. Y con diez euros menos.
Todo un negocio.
Típico mail que se reenvía y que Testosterona escribe un poco mejor:
Situación: estás en una zapatería. Eres la tercera de la cola. Llevas el dinero justo, porque le has dejado el bolso a tu amiga (nadie va de compras sola, ¿no?)
De repente, ves en el mostrador un par de zapatos preciosos, al lado de un cartel que pone “pares sueltos”. Necesitas esos zapatos, pero el dinero lo tiene tu amiga. Y la de delante (no la que está pagando, la siguiente) se acaba de dar cuenta de la presencia de esos zapatos.
Te podrías colar, eres hábil, pero para eso necesitas tu bolso. Tu amiga se ha dado cuenta, y está a punto de lanzarte el bolso: si coges el bolso y te plantas en el mostrador, has ganado. Si te plantas en el mostrador justo cuando cae el bolso, también. Pero no puedes plantarte en el mostrador y esperar al bolso, eso sí que sería grosero.
Pues bien: eso es el fuera de juego. A disfrutar.

(Foto via tal)