Una madre se queja de que no le pudo dar de mamar a su hijo en el museo. Discusiones aparte, lo mejor es este comentario en meneame:
Yo una vez quise darle de Mamar a mi novia en el Louvre y tampoco me dejaron. Y no hice tanta histora che, me subi los pantalones y me fui caminando lo más tranquilo.
Hombre, tranquilo, tranquilo… Y ojo, no es que no la dejasen dar de mamar, sino que
“Me dijo que tenía que ir al baño o a la cafetería si quería dar de mamar a mi hijo -explica Cindy-. Yo le pregunté si aquello estaba recogido en alguna norma del museo y me dijo que sí, que no estaba autorizado”.
A todo esto, descubro que existe una “Federación Española de Asociaciones pro-Lactancia Materna”. La leche.
La historia sigue: los padres se hacen pasar por el hijo para escribir una carta al Museo:
En la carta, escrita en primera persona, el bebé se pregunta por qué su mamá no está autorizada a darle de comer cuando tiene hambre y se queja de que a ella no le dejen sacar un pecho cuando la maja desnuda “tiene las dos al aire”.
Y mucho ojo con los pediatras que andan sueltos:
El pediatra Carlos González abunda en el mismo sentido y le parece inaudito que esto suceda “precisamente en el Museo del Prado, un lugar donde cualquiera que entre sabe que va a ver cientos de tetas“.
Bueno, ya hay motivo para ir al museo: miles de tetas andan sueltas.
Y seguimos con tetas, tetas, tetas (ya puestos):
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